“¡Baile, baile, no se canse!”

Crónica de un desfile colombiano con música ecuatoriana

Las chicas tullpus, gracias por la invitación!

El frío, las pesadas maletas y el ajetreo del viaje no les bajaron los ánimos.  El viaje a la frontera colombiana desde Quito no era muy largo por tierra, y pasar la noche en la carretera lo acortó aún más.  Al atravesar la frontera un letrero de “buen viaje, bienvenidos” y, cien metros más allá, uno de “terroristas” y los rostros de las FARC en una gigantografía eran advertidos, tachados, temidos.

Alrededor de ochenta emocionados bailarines ecuatorianos se asientan en un pequeño hotel de Ipiales, esperando entre coloridas vestimentas y ornamentas, a que el Carnaval de Nariño en el día de “las Fiestas del Negro”  dé comienzo al desfile más largo de sus carreras.

La fiesta de los negros recuerda a los esclavos de origen africano, quienes, durante una corta temporada, podían dar rienda suelta a sus desahogos.  La gente juega con el talco, betunes, pinturas cosméticas y con el licor, y llega un momento en el que sus rostros, cabelleras y ropas son una amalgama de color, que combina muy bien con las caras sonrientes extasiadas, ya sea por el alcohol o por la confusión que produce la ensordecedora música que proviene de todas partes.

Al ver que cientos de personas acomodan su banquillo en las puertas de sus casas, delimitando así la primera fila desde donde pueden disfrutar del desfile, no puedo evitar recordar el gran desfile de los Carnavales de Guaranda, Ecuador, provincia de Bolívar; donde los ancianos, dueños de antiguas casas coloniales, acomodan taburetes de madera, que los atolondrados jóvenes, quienes invaden la ciudad por esos tres días, aún deben respetar si quieren presenciar a las animadas bailarinas y carros alegóricos sin ser garroteados con insultos de antaño.

Ipiales no se queda atrás con las prácticas carnavalescas de Ecuador, ahí también se alista la espuma de carnaval en la mano, como alistar un fusil, con el que se toma venganza de quien ha disparado primero.  Las calles se tornan blancas de talco y harina, el olor del talco perfumado perdura durante todo el festejo y el del trago también.

Se da comienzo al carnaval con un desfile que ocupa tres cuadras, que va avanzando para terminar cuarenta cuadras más al sur.  La mayoría de los danzantes eran mujeres, sus rostros y cuerpos reales están ocultos debajo de varios gramos de maquillaje y varias capas de tela que daban como resultado la representación de los personajes típicos de la sierra ecuatoriana.  Aún bajo un sol medianamente fuerte, los ponchos de los varones estaban correctamente dispuestos hasta las caderas, lo que aseguraba un semblante de seriedad y elegancia, que se esfumaría entre el sudor y el movimiento a solo algunas cuadras del recorrido.

La música empezaba a llenar los oídos y los cuerpos de los bailarines que sin saber reservar fuerzas para el cansancio que representaba llegar al final, empezaban a moverse con entusiasmo al son de san juanes, san juanitos, capishcas.  Una colorida máscara de dos caras, encabeza la gama de danzantes listos para el desfile, el baile, las risas… listos para zapatear.

Diablo Huma, encabeza el grupo ecuatoriano en el “Carnaval de Nariño”

Faldas, ponchos, fachalinas y cabellos al viento, bailaban también al son de la música nacional, nacional para quienes la bailaban y voceaban y foránea para quienes, por primera vez, la oían y disfrutaban:

“/Rosalía te conocí / en mi pueblo te conseguí/ en la esquina yo te besé / todas la noches te cantaré/ el Ecuador, el Ecuador, el Ecuador es mi país/”

El grupo folclórico Suri canta incansable esta copla durante todo el trayecto, gastando su voz y sus acalambrados dedos, mas no dejan de animar.

Al mando del diablo huma, todos los movimientos se unificaban con la misma fuerza, el mismo entusiasmo y la misma convicción de saberse con la responsabilidad de representar a un pedazo de su país, tan vastamente cultural.

Después de varias cuadras, de compartir gritos, aplausos, sonrisas, el cuerpo empieza a cansarse, los pies a hincharse y el agua a agotarse; aun así la fuerza sigue siendo la misma.  El sol pega de lleno en los rostros, la organización del desfile comienza a flaquear, los bailarines son víctimas del hambre y el desorden separa al bloque que lleva como portaestandarte la única tricolor con un escudo en la mitad.  La reprimenda que precede surte efecto, el bloque vuelve a ser uno.

La única tricolor con escudo en la mitad

Después de ese pequeño descanso sin permiso, todos, sin saber de dónde, han recobrado las fuerzas, están más alegres, reclaman por más música, mientras la gente les grita “¡Baile, baile, no se canse!”, llaman al público a bailar con ellos, a imitar sus pasos, sus contoneos, su alegría.

La calle al fin se acaba y la energía también, pero rezagos de regocijo perduran.  Sonrisas para las fotos, planes para más tarde seguir bailando, invitaciones y aguardiente, es lo que les espera cuando al fin cruzan la meta, a la que llegan dejando todo en el asfalto, incluso pedazos de zapato.

Tullpucuna y amigos, al final del desfile del “día de los negros” en el “Carnaval de Nariño”, Ipiales-Colombia

Los grupos regresan a su hotel, el cansancio es lo más visible, pero el hambre lo más apremiante.  En los corredores, corren, de uno a otro, anécdotas, dolencias, las odiseas, cuentos que se relatan como si el otro no hubiera estado ahí.  En un acto de morbosidad y dolor, se muestran entre ellos las ampollas de sus pies, como si fuesen trofeos, medallas a la resistencia.

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Todos de Negros. Los que conseguimos seguir bailando

Duermen, comen, juegan el carnaval, no como en su pueblo sino como lo hace el nativo.  Vuelven al Ecuador exhaustos, con restos de pintura negra en el cuerpo y en la ropa, habiéndose visto en todos los canales de televisión colombianos, sintiéndose famosos, teniendo una maravillosa experiencia más para contarse y recordarse.

Carolina Llaguno

7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Hernán Llaguno G. dice:

    ¡Felicitaciones! 1º por habernos representado muy bien en otro país 2º por explicarnos tan explícitamente de que se trata ese carnaval, muy diferente a los nuestros; y, 3ª por la autora del reportaje, que lo dijo todo, con un lenguaje sencillo y comprensible, como deben de ser los reportajes. una vez más ¡gracias y congratulaciones!

  2. Mireille Llaguno dice:

    Muchas gracias mija, gracias por aceptar la invitación, gracias por compartir esos momentos haciendo lo que más nos gusta, bailar, gracias por ser una Tullpucuna más.
    Hermosa tu crónica

  3. Andy dice:

    Felicitaciones y más Felicitaciones estoy muy orgullosa de ustedes las admiro y quiero muchísimo… sigan adelante ¡No se cansen!

  4. Maria dice:

    Que bien, es tan hermoso ver como podemos representar a nuestro país, me siento en las nubes, gracias a la familia Tullpucuna por permitirme realizar este sueño de danzar.

    FELICITACIONES POR EL BLOG Carolina.

  5. Daniel dice:

    Bien Carito, super la fuerza y la energía que le metiste al danzar. Un placer compartir contigo alegrias, dolores, y sobre todo el azote al asfalto colombiano, jejeje.

  6. Rocío coronado dice:

    Carito, que alegría leer tu reportaje, es volver a vivir esos momentos tan emotivos, y lo mejor de esto que tú eres parte de Tullpucuna, como hija de una Tullpu, sobrina, hermana, amiga, compañera, Tullpita, sabemos que por tus estudios aún no puedes darnos más tiempo y acompañarnos siempre con tu belleza, corazón y respondabilidad como tu lo haces. La Familia Tullpucuna siempre esperandote. Gracias por todo.

    1. Carito dice:

      Chio y a todos!! muuchas gracias, por todo. No sabes cómo me enorgullece ser, de alguna forma, parte de Tullpucuna, y poder compartir ese amor por lo que hacen. Ese apasionamiento por lo nuestro y por la danza los ha hecho pasar muchas vicisitudes que han podido sobrellevar con ese mutuo apoyo que los hace más grandes como individuos y como grupo.
      Una vez más mil gracias y a seguir creciendo!

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