Ensayando la Historia

Un paso por el tiempo, que no pasa con el tiempo

El descontento social es un factor que ha caracterizado a la política ecuatoriana desde hace algunas décadas, y se podría decir que desde el nacimiento de la República.  Las fricciones ideológicas, la explotación del sector no privilegiado y el enriquecimiento de las clases dominantes, es una constante que en diferentes medidas y con diferentes contextos continúa hasta la actualidad siendo una realidad para el país.

Las masas populares, en el intento de que la equidad y el equilibrio sean prioridades para los líderes políticos, han cambiado drásticamente de línea ideológica, apoyando, según la necesidad, el tiempo y la realidad social de la época, a la tendencia que le convenga, (no necesariamente a la mayoría) ya sea de izquierda o derecha.  Es un proceso social en el que los pueblos ven desgastado su sistema, que la tendencia en la que se desarrolla la nación está perdiendo fuerza y dejando de proveer beneficios; se produce, entonces, una suerte de cansancio colectivo que es la verdadera base para una revolución que altere el orden vigente y varíe de forma radical los sistemas sociales.

Durante el siglo XX el Ecuador vivió el comienzo y desarrollo del capitalismo, que se desenvolvía dentro de un marco de desintegración nacional, control interno y externo de los recursos naturales e industriales del país y el surgimiento de nuevas ideologías que serían desde ese entonces determinantes en las líneas que seguirían los partidos predominantes del futuro.

En la sociedad del siglo XX se marca, desde entonces, la estratificación social que se consolidará, y que contrastaba fuertemente a una clase de la otra.  Es en esta época, con le nacimiento del proletariado, cuando se presentan los procesos nacionales de integración al sistema mundo, que regían en aquel momento la economía y la política del país, y que eran confrontados con las fuerzas revolucionarias de liberación en contraposición al provecho imperialista.

En ese entonces, tanto como en la actualidad, se produce dicha radicalidad en los intentos de cambio en las instituciones estatales y en el sistema nacional, se intensifican las exigencias populares, se requiere de una renovación de los modelos políticos, se busca real representatividad popular y surgen masas populares organizadas que buscan una integración activa en el país.

La Revolución Liberal fue una lucha nacida de las capas medias de la sociedad, de una pequeña burguesía que se veía afectada por la dominación económica de parte del Estado y de las clases dominantes, tuvo el soporte social de la dominación burguesa,

“era las capas populares creadas por la liberación material e ideológica de la fuerza de trabajo de los lazos de  servidumbre: trabajadores de plantación, obreros, capas medias…”[1]

De la misma manera, el proceso actual que lleva a cabo la Asamblea Constituyente, soporta consigo el descontento de un país en varias de sus capas sociales, que fue llevado por una tendencia derechista que lo llevó a índices de pobreza excesivos y a una posterior revolución de renovación.  Muchos de los sectores afectados se mostraron refractarios en seguir con el juego político que estaba resquebrajando la economía y el ánimo de la sociedad, más la clase que se ocupa de representar a la totalidad del país y expresar sus necesidades, propuestas y exigencias, ha sido la clase media; que se hizo del poder por medio de la Asamblea Constituyente y que, al igual que en las luchas liberales, no personificaba todo el clamor popular y muchas de las reales insuficiencias de clases inferiores.

En el periodo del liberalismo el contingente ideológico que se sostuvo fue el socialismo, después de haber tenido una larga etapa de gobiernos de derecha, este fue

“la gran reserva verbal a donde acudieron todas las clases para llenar el vacío ideológico formal provocado por la crisis de la burguesía y la rebelión de los trabajadores.”[2]

Orientación que, parece, se presenta históricamente como una vuelta del poder a las masas, que en este periodo de elecciones se vio reflejada en el deseo del pueblo ecuatoriano de elegir a un gobierno de izquierda que ayude a mejorar los estándares de vida descompuestos y que lidere una reforma total del país.

Aún con un sentido de justicia mucho más amplio, en la revolución lo que más se buscaba es poner al poder al proletariado emergente, exponiendo el anhelo de zafarse de todas las cadenas, mentales y del régimen; mas que no llegaba a solucionar las carestías de los más desprotegidos, de los sectores ignorados en cuanto a decisiones pero muy relevantes en cuanto a elecciones; sectores que existieron tanto en el siglo XX, con los indios, cuanto en la actualidad, con las clases pobres del país; dos esferas sociales que están fuera de las formalidades e ideología de la política, pero que sufren los rezagos que devienen de ella y viajan confusos dentro de una nave que si naufraga serán ellos los más arrastrados por la marea, los que seguirán siendo desprotegidos.


[1] MOREANO, Alejandro; “Capitalismo y lucha de clases en la primera mitad del siglo XX”; p.167.

[2] Ibíd., p. 168

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