El cine y la fotografía creadores de identidad: “proyectan modos de vida”

Entrevista: Armando Salazar

Armando Salazar, fotógrafo de 42 años, es dueño de las imágenes que quiere proyectar a su público, él no recibe dinero por ello. Lleva más de 15 años en la tarea de insertarse en un mundo distinto al suyo y lograr representarlo para el público.

Estudió en España, pero su creatividad la reproduce en su país.  Cuida mucho de las escenas que se le presentan en la cotidianidad para no perderlas cuando “la cámara está como una intrusa dentro de la emoción del momento.”

Para él la cámara fotográfica es parte de su cuerpo, “una extensión de su mano y de sus ojos”, y no le convencen aún los avances tecnológicos en esa área ya que “la foto debe ser vista desde la lente y no en una pequeña pantallita” eso le daría, según Armando, una facilidad innecesaria al retratar y deja perder mucho del valor de las imágenes.

Sus proyectos personales son sobre las historias de la ciudad y eso es lo que le da la “tensión con la que se crean las imágenes”, para no perderlas en el momento en que estas aparecen ante su lente.

Para este fotógrafo/cineasta, la fotografía y el cine llevan dos aristas diferentes, en las que “el cine es el análisis de la vida”, y la fotografía “tiene que ver con el arte, con la cultura, tiene que ver con el pensamiento y con un sentido más sociológico.”

Su proyecto cinematográfico más importante fue como director de fotografía, en la aclamada película ecuatoriana “Que tan lejos”, en la que trabajó con la directora Tania Hermida.

Con varias tazas de café y entre conversaciones con las personas que lo abordan todo el tiempo, Armando resume en planos generales la fotografía y el cine ecuatoriano.

¿Cuáles son los proyectos que más han trascendido en su vida y que han aportado en su profesión?

El rodaje de “Que tan lejos” es la principal de todas. (Se arregla su largo cabello y bebe un sorbo de café) Rodar un largometraje para un director de fotografía es algo impresionante, uno no ve las imágenes cuando las filma, las ve cuando las revelan, en un laboratorio y después de que las hayan rodado.  En el video las puedes ver ese rato y esa separación en tiempo es importante para mí, porque te permite trabajar de otra manera.  Se necesita mucha más planificación, más cabeza y yo creo que eso es bueno para hacer películas.

¿De qué forma cree que está avanzando el cine ecuatoriano?

El cine ecuatoriano está en avance totalmente. (Dice emocionado) Antes había una película cada 3 o 4 años y desde el año 98 hay promedio de una película anual.  Yo siempre pienso que el cine es un iceberg, (hace señas con sus manos) un iceberg que tú ves la punta sobre el nivel del mar, pero abajo hay un montón de cosas que no ves.  Lo que se ve en el cine es el largometraje de ficción en salas y ese es el parámetro.  Y yo pienso: hay una película al año, ¡que no más habrá abajo!

Pero el cine, aunque creció, está en un momento de consolidación.  Yo digo que no tenemos cine ecuatoriano, tenemos películas ecuatorianas que se muestran.  Cine ecuatoriano será cuando se sepa que cada cierto tiempo hay un estreno, yo creo que deberíamos poder aguantar como mercado al menos 4 o 5 películas al año.

Hablando de los puntos débiles del cine  ¿Cuáles son los más comunes en la fotografía y cómo cree que podrían superarse?

La fotografía si ha mejorado, es una de las cosas del cine ecuatoriano que se amplió.  Las películas se ven mejor ahora de lo que se veían antes y hay más cultura estética de los fotógrafos.  Hay veces que en la “fotografía fija” que yo hago se torna difícil, porque en una fracción de segundo se fue la vida y la imagen que veías ya no existe. (Se percibe cierta frustración en sus palabras) Y esa tensión es complicada, pero con esa tensión se crean imágenes, yo necesito de esa tensión porque tengo que saber que si no estoy concentrado en el asunto, no se da.  En cambio en el cine el tema es económico, en el cine el problema es que todo lo que está frente a la cámara cuesta mucho ponerlo ahí.

Y ahí ¿no siente la misma tensión de que la imagen se le va a perder?

En el cine, es el director el que está ahí, inclusive él dice que ya está la imagen; y tú piensas “pudo haber sido mejor”.  Hay un pequeño territorio de incertidumbre que yo creo que es clave en el cine, y nunca puedes encontrar la imagen perfecta, es imposible…

Tienes que estar conforme con el trabajo fotográfico.  Las películas se terminan filmando porque todo el mundo se concentró en crear esa imagen, entonces el cine también es un asunto de relaciones humanas que se están formando.

¿Qué pasa si no está conforme con lo que tiene en el rodaje?

Nunca estás conforme.  Es triste… (Dice entre risas)  Hay imágenes que me gustan y otras no tanto, pero a todas las quiero, ¡son mías!  Pero yo sé cómo se hizo, y pienso “¿Qué pasaba si me metía un metro más y tenía otro encuadre?”  Creo que uno tiene que siempre estar pensando que no está completo lo que está haciendo, porque si uno piensa que es bueno todo el tiempo, vas a hacer un trabajo mediocre.

La tarde sigue cayendo entre pitos de autos y el ir venir de varios bohemios que divagan en un bar en la avenida Amazonas.

A parte de lo que hace el cine por la cultura ¿Cree que puede haber un proyecto social como intencionalidad del cine?

¡Claro! (se emociona, sonríe) Lo más clave es el tema de la representación, de que el cine no es la diversión, sino que el cine es un espejo, una manera de representar algún proceso de la sociedad.  Yo creo que en el cine norteamericano, las comedias o tragedias, te están mostrando una forma de vida, demuestra cómo ellos viven.  Entonces es un cine, no de locaciones, no de paisajes, sino de modos de vida y eso funciona siendo primero un territorio de consumo local. Cuando nosotros pasamos viendo los modos de vida de otros lados, empezamos a tener ganas de que nos cuenten también nuestros modos de vida.

Por eso hay este como resurgimiento del cine ecuatoriano ahora.  Antes al cine latinoamericano se pensaba que era un instrumento para la revolución, se priorizaba una idea política en la historia.  Es decir, la revolución se hace cuando la historia se cuenta.  Pero tiene que funcionar primero como película.  Aquí en el Ecuador se hace con la intencionalidad de mostrar nuestros mundos al otro.

Entonces ¿cree que el cine crea una identidad nacional?

Por supuesto que sí. (Alza la voz, mueve las manos y pide otro café) Se crean muchas identidades, no sólo una, se construye cotidianamente identidades, las películas son referentes que te cuentan cosas cercanas a ti, que te ubican temporal y espacialmente.  Aquí se deberían hacer películas humanas, películas cercanas, más propias, y que con esas contemos cosas, desde el humor, desde la tragedia, pero decir algo de nuestro país.

La noche llega y Armando debe irse, muestra algunas de sus últimas fotos a sus amigos y toma notas mentales sobre los comentarios que le hacen, ahora va a buscar nuevas historias que él pueda contar en imágenes, dice que ahora es la música lo que quiere hacer ver a su público, termina su café y guarda su cámara sin cuidado.

Carolina Llaguno Ll.

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